Atención Psicosocial

  • El período preescolar es una etapa de adquisiciones en las esferas del desarrollo físico y psíquico, de ellos se desprende que necesitan una atención especial para tratar de compensar sus deficiencias físicas y emocionales, atención que debe estar inmersa de un profundo afecto y dedicación por parte de la familia, por ello las relaciones padre e hijo deben ser portadoras de un fuerte apoyo, de una manifestación incondicional que el niño se conozca a sí mismo y vaya adquiriendo seguridad de sus propias fuerzas. Cuando esto ocurre, el niño es capaz, en el seno de su familia, de relatar las experiencias adquiridas durante el día en el centro infantil; y establece así nuevas relaciones ampliando su conocimiento del mundo.

    La influencia familiar es determinante en el desarrollo del individuo y en particular en las primeras edades, donde se forman las premisas del desarrollo de la personalidad y se inicia la formación de sus cualidades psíquicas; sin embargo, en ocasiones nos encontramos que existen familias en las que esta influencia es adversa, dado que no les garantizan al niño las condiciones de vida, alimentación, afecto y cuidado, y en otras puede tener un carácter deficitario, por no estar totalmente satisfechas estas necesidades básicas. En uno u otro caso existe un común denominador y es la desatención de padres a hijos.

    Cuando el niño se mantiene en un medio de hipoestimulación en el que no se le satisface la necesidad de comunicación de estimulación y afecto , que resulta vital desde las primeras edades, se observa rápidamente una repercusión negativa que de mantenerse podría ocasionar daños irreparables a la salud del niño. La falta de estimulación generalmente se acompaña de una déficit en la relación afectiva. El niño necesita sentirse querido y protegido por los padres o adultos que cuidan de él. Cuando en esta relación se ponen de manifiesto actitudes de rechazo, descuido, negligencia, pobreza del medio, tanto en cuanto a estimulación como a posibilidades de actividades, el desarrollo físico y psíquico del niño se ve afectado. El adulto es el encargado de organizar la vida de los niños, es por esta vía que ellos se van relacionando con el medio que los rodea, con sus objetos y múltiples relaciones; medio que significa una fuente de estímulos que le llega al niño, en un inicio mediatizados por el adulto. Por eso afirmamos que es en la relación adulto-niño, en esa directa y estrecha comunicación, que debe producirse la asimilación por el niño de la experiencia histórica social de la humanidad.

    Análisis particular requiere las graves consecuencias derivadas de condiciones desfavorables por carencia de estímulos, afecto y comunicación cuando estas se producen en las primeras etapas de vida. Por ejemplo, el primer año de vida se caracteriza por un ritmo veloz de crecimiento y desarrollo, por una estrecha relación entre el desarrollo neuropsíquico y físico y porque los niños presentan poca resistencia ante las enfermedades; dadas estas características, la educación en esta edad debe contemplar el cumplimiento riguroso del horario de vida, propiciar las condiciones que favorecen el desarrollo óptimo del niño en la edad. Cuando uno de los aspectos señalados anteriormente es insuficiente o está ausente se afecta el desarrollo, bien porque lo frena o lo limita.

    Cuando los niños están desprovistos de la necesaria estimulación desde las edades tempranas, o esta ha sido insuficiente, se aprecia una repercusión desfavorable en su desarrollo, y si esto se conjuga con una pobre relación afectiva se presentan consecuencias más severas, tales como retardo de los movimientos y del desarrollo del lenguaje, de las posibilidades de aprendizaje, de la expresión afectiva, pudiendo llegar a situaciones severas de retardo general del desarrollo. Entre los estudios realizados sobre efectos de condiciones deficitarias de vida se encuentran las efectuadas por R. Spitz.

    En sus trabajos encontramos un estudio de las consecuencias de las enfermedades defectivas emocionales en niños del primer año de vida sometidos a condiciones de privación total o parcial de afecto y estimulación. Al estudiar la etiología de las enfermedades defectivas emocionales. Spitz afirma que estas se derivan, por lo general, de la ausencia física materna y que el sustituto de la madre es inadecuado o prácticamente no existe. Considera como aspecto esencial “la no relación” con la madre y le otorga un “papel secundario” a la personalidad individual de la misma. El daño sufrido por el niño privado de su madre será proporcional al período en que transcurre esta privación y distingue las categorías o momentos de las enfermedades defectivas emocionales: la privación afectiva o depresión analítica y la privación afectiva total que la denomina institucionalismo. Señala que no existe una división entre estos dos síndromes resultantes de la privación afectiva y que se da una transición de uno a otro, con un carácter progresivo, atravesando fases de severidad crecientes. Los síntomas se van haciendo más agudos en dependencia del aumento del período de separación, fase más aguda en la que se produce un empeoramiento progresivo de la salud del niño y aumenta la propensión a las infecciones, que lo puede llevar al marasmo y a la muerte.

    Se considera de gran importancia la relación del niño con su medio familiar, y muy especialmente con la figura de la madre. En la atención al niño el cuidado afectuoso y estimulante debe ir acompañado de condiciones de vida y educación favorables, ya que estas son determinantes para un sano desarrollo de la personalidad del pequeño. No obstante todo el trabajo desplegado y los avances sociales alcanzados, aún subsisten y actitudes negativas en algunos padres de familia que de hecho atentan contra el sano y normal desarrollo del menor. Las situaciones adversas de franca desventaja social en las que algunos niños se encuentran sometidos pueden ser de carácter extremos cuando son totalmente abandonados, bien por conductas antisociales de los padres o cuando por razones de enfermedad se ven imposibilitados de brindar el cuidado y atención que sus hijos requieren. Por diversas vías se trabaja para transformar las situaciones adversas y actitudes inadecuadas de algunos padres de familia o personas encargadas del cuidado de estos niños por la influencia negativa que esta situación conlleva.

    Para el desarrollo del trabajo social, al proyectar las acciones encaminadas a transformar las condiciones sociales adversas y actitudes negativas de algunos adultos en relación al cuidado, atención y educación de los menores, se debe partir del análisis de las condiciones particulares de cada niño, de las características del medio familiar y de los adultos más allegados.

    La determinación de la situación social específica en cada caso permite proyectar el trabajo, tanto si este contempla acciones de carácter inmediato y otras a más largo plazo, de forma tal de graduar las acciones que posibiliten el mejoramiento y transformación de la situación social, poniendo en práctica todos los mecanismos y recursos de la comunidad que garanticen el bienestar y seguridad del niño. Para lograr crear nuevas condiciones ambientales, en la que concuerden factores sociales, psicológicos y educacionales a favor de la formación y educación de los menores considerados en situación de desventaja social. Se requiere del esfuerzo y dedicación de un grupo de personas, entre ellas: educadores, psicólogos, trabajadora social, y tiene especial significación la labor conjunta, vista como coordinación de acciones del psicólogo, la trabajadora social y el personal docente. En la atención al caso social el psicólogo profundiza en las particularidades del niño, en el desarrollo alcanzado desde el punto de vista físico, intelectual, afectivo y volitivo, pero unido a esto debe hacer una anamnesis del caso, conocer en que condiciones ha transcurrido la vida de este niño, el tipo de influencia recibida, las características del medio familiar y social. Mucha de esta información la recibe por la trabajadora social, quien de antemano ha estudiado la situación del niño por estar conceptualizado como en desventaja social, y ha recopilado suficientes datos en sus visitas de terreno al núcleo familiar, a unidades hospitalarias, por citar algunos ejemplos. Toda la información una vez procesada por la trabajadora social, les permite llegar a conclusiones y definir la situación social real del niño en estudio. De esta forma se va conformando la historia social del niño.

    La recopilación de la mayor cantidad de información sobre el niño objeto de estudio constituye una premisa muy importante para el análisis conjunto que se realiza entre la trabajadora social, el psicólogo y educadoras, del mismo se deriva la estrategia a seguir. Es importante que este análisis sea dinámico, flexible, ajustado a las características y evolución del caso en cuestión y no utilizar “fórmulas” preconcebidas, así como no transferir el uso de métodos y acciones que para otros fueron efectivas; esto es, partir del análisis del niño bajo el principio de la individualidad y de su situación social concreta.

    La determinación de la acción social no depende únicamente de cuáles y de qué tipo han sido las influencias que el niño ha recibido, debe ir más allá, a la repercusión que estas han tenido en el niño. En función de la problemática del niño se decide si el psicólogo o la educadora deben participar en las visitas de terreno. Estas se realizan con el objetivo de ganar información, de interactuar con los miembros del núcleo familiar, orientar aspectos determinados, o bien para profundizar en una cuestión particular. Una vez que se posee la información fundamental se hace necesario determinar la estrategia a seguir con el niño en situación de desventaja social, en particular la que va a estar en dependencia de la gravedad de la situación del niño, de sus condiciones de vida, de los adultos con los que conviva, así como de la propia repercusión que esta situación ha tenido en el niño.

    Como puede apreciarse la atención educativa a niños en situación de desventaja social tiene una dimensión amplia, por cuanto en la misma se combina la labor directa e individual con el niño, con el colectivo pedagógico encargado de su educación y con la familia y su medio social. De esta forma trabajar por eliminar cualquier alteración de conducta, modificar o transformar las condiciones de vida adversas y facilitar un desarrollo sano y feliz de estos niños en una etapa decisiva de su vida como es la infancia preescolar, y constituye una labor priorizada de educadoras, psicólogos y trabajadoras sociales.

  • Las mujeres u hombres que sufren violencia de género tienen a su disposición un programa de atención psicológica que les ayuda a afrontar la situación que sufrieron y a reforzar su autoestima, además de ser un apoyo en la recuperación o adquisición de habilidades y capacidades que les permitan lograr la autonomía y la integración en la vida social y laboral.

    Objetivo: El programa tiene como finalidad ofertar recursos terapéuticos que abran vías de recuperación a aquellas mujeres u hombres que estén sufriendo o hayan sufrido violencia de género o doméstica.

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